Las personas que tienen sueños extraordinarios se preguntan cuestiones que generalmente no encajan con los paradigmas establecidos y muchas veces en el camino de perseguir sus sueños tienen como compañeros de viaje la soledad y una seguridad apabullante en sí mismos.
Nuestro fundador D. Vicente Cañada Blanch aplicó la innovación disruptiva en el negocio de la fruta, ya que a principios del siglo XX cuando marchó a Londres, no hizo lo sencillo que era mejorar la exportación de naranjas al Reino Unido desde España, que es un modelo de innovación sostenida. Rompió el modelo existente de la época, y se hizo importador al comprar dos puestos en el Covent Garden, lo que llevó a tener un negocio más eficiente y competitivo. ¡Qué gran ejemplo de innovador disruptivo en el mundo del comercio! Esto lo realizó hace 105 años cuando con veinte años abandonó su ciudad natal, Burriana y se fue a perseguir sus sueños a Londres. Pero su sueño tenía valores de compromiso hacia la sociedad ya que dedicó toda su fortuna a la educación de los hijos de los inmigrantes españoles en Londres y a la transmisión del conocimiento.
Esto nos lleva a valorar lo que se requiere para ser una persona que innova de forma rompedora. Lo primero es tener un sueño y perseguirlo con un plan, porque sin plan no hay éxito. Se requiere pasión, que es el gran motor del conocimiento que cambia la vida de una persona o de una sociedad, y esfuerzo continuo para realizar un trabajo de forma competitiva. Imaginación que es ver lo que todo el mundo ve y pensar lo que nadie piensa, sabiendo que muchas veces el exceso de conocimiento de un área específica frena la imaginación porque te encorseta para poder soñar. También es importante tener la astucia de no seguir consejos que no encajen con tu sueño, porque muchas veces los consejos te hacen seguir el camino que todo el mundo lleva y ese es el camino de lo rutinario. Los caminos no habituales te hacen valorar la diversidad y lo diferente, y eso muchas veces te lleva a conseguir tus sueños disruptores. Por último, no hay que olvidar que la perseverancia es el motor de toda actuación exitosa y prolongada en el tiempo. Muchas veces los rebeldes y los innovadores rompedores tienen momentos de desasosiego porque observan que grandes ideas se pueden desvanecer. Cuando esto pasa, lo mejor es refrescar una cita extraordinaria de Rabindranath Tagore “no llores porque no puedes ver el sol, porque las lágrimas no te dejarán ver las estrellas”. El objetivo final es disfrutar las estrellas a sabiendas que muchas veces tienes que renunciar a la belleza de una puesta de sol. La vida está llena de grandeza, pasiones y alguna pequeñez. No hay nada más grande que la vida.
Juan Viña Ribes
Presidente Fundación Cañada Blanch