Este texto se enmarca en la serie Valencianos de leyenda que dedicamos a figuras ilustres de nuestra historia.
El Palacio de Liria de la Casa de Alba constituye un auténtico museo en Madrid. Sus muros albergan importantes tesoros pictóricos, antigüedades de gran valor, tapices, un archivo y una biblioteca. Entre sus tesoros se encuentran joyas bibliográficas como la Biblia de la Casa de Alba, autógrafos de Colón, la primera edición de El Quijote y documentos del mariscal de Berwick. Sin embargo, entre sus estanterías monumentales de madera de nogal verde se guarda una colección de libros valencianos sin igual. Más aún, el grueso de la biblioteca es fundamentalmente valenciano. Pero ¿Cómo llegó hasta allí?
Avatares de la historia que nos llevan a una figura poco conocida, Vicente Castañeda y Alcover (1884-1958), madrileño de nacimiento pero valenciano de sangre, pues su familia era oriunda de Xàtiva. Un trabajador infatigable y dotado de una enorme inquietud que le llevó a ocupar puestos de gran relevancia en la vida cultural española del momento. Su erudición fue tal, abarcando temas de historia, historia del derecho, literatura y cómo no de historia del libro, que ingresó muy joven como Académico de Número de la Real Academia de la Historia, siendo elegido, con tan solo treinta y cinco años, Secretario perpetuo de la misma.
Sus inclinaciones intelectuales le llevaron a decantarse por temas valencianos, codeándose siempre que pudo con amigos como Rafael Altamira, Elias Tormo, o Julio Guillén y Tato, marino e historiador alicantino. Pasión a la que se unió otra no menos importante, la bibliofilia, que le hizo poseedor de una extraordinaria biblioteca que fue adquiriendo tras muchos años de búsqueda incansable por librerías de España y del resto del mundo.
En la persona de Castañeda se unieron dos de los elementos que han caracterizado históricamente a los bibliófilos: la adquisición de libros raros y curiosos; y el exhaustivo conocimiento que tenía sobre la historia del libro y la imprenta. A esta innegable pasión se unió una coyuntura más que favorable, pues vivió a caballo entre los últimos atisbos del Romanticismo, y comienzos del siglo XX, momento en que gracias a la desamortización se nacionalizaron los bienes del clero, poniéndose a la venta numerosos libros antiguos. Es la época del desembarco en España de los grandes bibliófilos norteamericanos que a golpe de talón compraron gran parte del patrimonio bibliográfico español, caso del hispanófilo y fundador de la Hispanic Society, Archer Milton Huntington, que adquirió en 1897 uno de los tres únicos ejemplares conocidos en el mundo del Tirant lo Blanc (1490) al precio de quinientas libras esterlinas en la librería londinense de Bernard Quaritch. Pero no fue la única joya que cazó el millonario americano, que consiguió comprar la única hoja que se conoce de uno de los incunables más misteriosos de la historia del libro valenciano, la llamada Biblia valenciana (1478) de Bonifacio Ferrer, hermano del santo.
En este contexto se movió Castañeda, que gozó de la amistad de importantes intelectuales españoles, caso de Gregorio Marañón, o Ramón Menéndez Pidal, formando parte, además, de una selecta nómina de bibliófilos integrada por personajes como el afrancesado Bartolomé José Gallardo, los valencianos Vicente y Pedro Salvá, con librerías en París y Londres; y el también valenciano José Enrique Serrano Morales, que da nombre a la actual biblioteca del Ayuntamiento de Valencia. Asimismo, fue miembro fundador de La Arcadia, tertulia mensual de bibliofilia y gastronomía. En su biblioteca era posible cotejar códices, ediciones princeps, incunables, post-incunables, célebres humanistas, y una destacada representación de libros valencianos de los siglos XV al XIX. Tal erudición la dejó también por escrito, publicando maravillosos relatos, como el cuento Por su amor a los libros…, o la obra Bibliofilia sentimental. Razones más que suficientes para que fuera elegido Presidente de la Sociedad de Bibliófilos Españoles.
El eco de todo ello llegó a oídos del Duque de Alba, Director de la Real Academia de la Historia, que inició una intensa correspondencia con Castañeda siendo Embajador en Londres. Una relación epistolar donde la pasión por los libros se convirtió en el auténtico leitmotiv, y que hizo que el valenciano se convirtiera en el intermediario de Don Jacobo Fitz James Stuart en la búsqueda y adquisición de libros que le enviaba continuamente a la capital inglesa. De hecho, tras la muerte del duque, Castañeda formó parte de la comisión encargada de su legado, donde había numerosos códices y libros.
Sin embargo, el auténtico punto de inflexión en la biblioteca del duque y con ello de la Casa de Alba fue la adquisición en el mes de diciembre de 1941 de la biblioteca de su amigo Castañeda al precio nada desdeñable de 500.000 pesetas. Era la piedra angular de la actual biblioteca del Palacio de Liria, que había sufrido severos daños durante la Guerra Civil. En total, más de 7.000 volúmenes, que recogen lo mejor de la imprenta europea y valenciana en particular, y que se encaminaron hacia el número 20 de la Calle de la Princesa. Entre ellos, incunables valencianos, algunos de ellos casi únicos, una destacada representación de libros de los siglos XVI y XVII, en especial jurídicos, como todas las ediciones de los Furs; y, por supuesto, lo más significativo de la Ilustración valenciana y de la llamada Renaixença del siglo XIX. Pero más importante que la cantidad era la calidad de los ejemplares, perfectamente conservados y encuadernados por los mejores artesanos de su época.
El duque de Alba no fue el único que pujó por la biblioteca de Castañeda. La importancia de la misma llegó a oídos de otra importante fortuna, la de los March, concretamente de D. Bartomeu March Servera, que adquirió algunos de los libros de la colección del valenciano que viajaron hasta Mallorca, formando parte de la actual Fundación Bartolomé March. En el año 2005 el Gobierno insular de la isla declaró esta biblioteca privada como Bien de Interés Cultural.
Pasearse pues entre los muros del Palacio de Liria es hacer un recorrido por la historia de Valencia a través de los libros. Allí, entre los Rubens, Tiziano, Zurbarán, Goya, y demás, figuran los Eiximenis, Rois de Corella, Jaume Roig, Matheu y Sanz, Gregorio Mayans, Pérez Bayer, Cavanilles, Constantí Llombart, o Vicente Boix, que duermen el sueño de los justos.
Imagen: Biblioteca del Palacio de Liria © Fundación Casa de Alba
Nicolás Bas
Catedrático de Historia del Libro de la Universitat de València y Patrono de Fundación Cañada Blanch