Este texto se enmarca en la serie Valencianos de leyenda que dedicamos a figuras ilustres de nuestra historia.
En 1562 en los preliminares del Libro de las historias de Paulo Iovio, Jerónima Galés imprimía bajo el epígrafe revelador de «La impressora al lector» estas palabras:
Puesto que·l mugeril flaco bullicio
no deve entremeterse en arduas cosas,
pues luego dizen lenguas maliciosas,
que es sacar a las puertas de su quicio.
Si el voto mío vale por mi officio,
y haver sido una entre las más curiosas,
que de ver e imprimir las más famosas
historias ya tengo uso y exercicio[1].
Jerònima Galés escribe en primera persona, reivindicando su habilidad como impresora[2]. Siendo consciente que podría ser considerada una intrusa, que había penetrado en un espacio ajeno, de ahí la alegoría «sacar a las puertas de su quicio». Esta poesía, espejo de su propia percepción, la aleja de la imagen que pudiéramos tener por textos oficiales y legales, donde se nos presenta ya como «Jerònima de Mey, stampadora» trabajando en el taller familiar antes de la muerte de su primer marido, encargándose de necesidades domésticas o profesionales[3].
*
El primer marido de Jerónima Galés, Juan Mey, fue uno de los últimos representantes de los maestros impresores extranjeros que extendieron la imprenta por Europa. A partir de 1550 el taller familiar Mey quedó asentado en la ciudad de Valencia. Y aunque entre 1552 y 1554 encontramos a Joan Mey imprimiendo en Alcalá de Henares, en aquellos años Jerónima Galés permaneció al frente del primitivo taller valenciano. Para incentivar que el taller tipográfico de los Mey residiera en Valencia, con todas las matrices y letrerías necesarias para imprimir cualquier obra, la ciudad lo incluyó en la nómina de gastos corrientes, entregándole una ayuda de treinta libras anuales. Y cuando Juan Mey murió, al inicio de 1556, el Consell registró una provisión reconociendo la transmisión patrimonial del taller tipográfico de la familia Mey que, por herencia instituida en el testamento del marido, pertenecía ahora a Jerónima Galés. Sin especificar otras garantías adicionales ni modificar las ayudas económicas dispuestas hacía tiempo con el impresor difunto. Se inauguraba así oficialmente el 14 de enero de 1556 la regencia del taller a nombre de «na Jerònima Mey», tal y como cita el documento.
En su testamento el impresor flamenco había legado a su esposa Jerónima, además del taller tipográfico, la educación y formación como impresores de sus hijos. Así, tras la muerte de su primer marido, Jerónima Galés tuvo que mostrar su carácter carismático, contaba con la preparación profesional e intelectual necesarias para cuidar del patrimonio familiar, de los seis hijos –cuatro chicas y dos chicos–, y para atender tanto a la administración cotidiana de una imprenta, como el diseño de un programa editorial.
Nada parece acabar con la muerte del maestro fundador de la casa Mey. Las prensas continuaron, sin pausa, imprimiendo y preservándose el buen oficio tipográfico y ese mismo año salió de las prensas del taller de la familia, entre otras, la obra más esplendida del siglo xvi, según el librero decimonónico Pedro Salvà, la Chrònica o commentari del gloriosíssim e invictíssim rey en Iacme.
El óbito del fundador también lo ponen de manifiesto los pies de imprenta y los colofones, la impresora suele figurar como «Vídua de Juan Mey», hasta su segundo matrimonio. Sin embargo, los capítulos gremiales obligaban a las viudas a mantener el nombre del marido difunto como marca registrada que identificaba el taller, por lo tanto, se mantiene en los pies de imprenta «En casa de Joan Mey», «Ex officina Ioannis Mey» o «Ex tipographia Ioannis Mey», incluso años después de las segundas nupcias.
La viuda Jerónima Galés volvió a casarse con el oficial impresor a su cargo, Pedro de Huete, en 1559. Eligió a un colega de su mismo segmento socioeconómico para mantener mejor el taller de impresión de libros, es decir, para continuar el oficio que había aprendido y que estaba enseñando a sus hijos. No se trasladó de ciudad, ni mudó de casa o ubicación el taller con el nuevo matrimonio. La trayectoria vital y profesional de la familia Mey, continuó, pues, vinculada esencialmente a la vida de sus componentes iniciales: Jerónima Galés (cabeza de familia), Felipe Mey (aprendiz del oficio de impresor), las cuatro hijas (que se casarán con artesanos y libreros) y el más pequeño, Pedro Patricio Mey, quien dirigió la imprenta al morir la madre y será recordado por ser editor de Cervantes en Valencia, antes de morir en 1623. El taller valenciano de los Mey pudo llegar así a los cerca de cien años de vida activa.
*
Próxima fue la relación que Jerónima Galés mantuvo con una institución religiosa y benéfica: el Hospital General de València. No en vano pidió ser enterrada en su capilla. El Hospital, obtenía los recursos para su mantenimiento de las limosnas, y tenía en los impresos de gozos o estampas de santos, instrumentos eficientes para fomentar estas donaciones benéficas. Estas impresiones están reflejadas en los libros de contabilidad del Hospital, y aportan el singular testimonio de los albaranes autógrafos de Jerónima Galés. Debido a la falta de datos sobre sus orígenes y condición social, suponemos que Jerónima Galés fue una de esas mujeres con formación medio autodidacta y medio instruida en el seno de la familia, taller o tienda, y mediante estos albaranes constatamos datos concretos, como que la impresora Galés era bilingüe y escribía con una letra cursiva, de trazado ligero y esmerado, propio de una persona acostumbrada a escribir. Su escritura usual era de un nivel educativo no rudimentario, sino de persona letrada; y lo manifiesta con el uso de la letra humanística, el modelo gráfico más prestigioso de la producción tipográfica, según las exigencias estéticas de la nueva concepción cultural renacentista. Igualmente, se nos presenta como mujer de fuerte personalidad e independencia a lo largo de las distintas disposiciones testamentarias que se conservan: tres últimas voluntades entre 1566 y 1585. Sin embargo, sólo conozco un testamento de Juan Mey (1550), uno de Pedro de Huete (1576), y otro de Felipe Mey (1598).
Jerónima Galés, después de dos matrimonios, seis hijos y de unas doscientas sesenta obras impresas, murió a finales de 1587.
*
La vida de Jerónima Galés fue singular y su originalidad destacó entre las personas, hombres y mujeres, que participan en la edición, confección y difusión de los libros en el Siglo de Oro peninsular. Jerónima Galés es una excepción porque se identificó con nombre propio y dejó impresa su propia memoria en los versos preliminares de una obra que ella misma imprimió. Pero la vida de Jerònima Galés no fue una excepción. Hubo, como ella, otras impresoras, otras libreras, otras mujeres en el mundo del libro, no eran tan invisibles a sus coetáneos, ni tampoco deberían serlo en nuestros tiempos.
Por Rosa M. Gregori Roig, subdirectora del Archivo de la Corona de Aragón
___________________________
1 Cfr. Paulo IOVIO, Libro de las historias y cosas acontesidas en Alemaña, España, Francia, Italia, Flandres, Inglaterra, reyno de Artois, Dacia, Grecia, Esclavonia, Egypto, Polonia, Turquía, India y Mundo Nuevo, y en otros reynos y señoríos...Visto y examinado, y con licencia impresso en Valencia. En casa de Ioan Mey, 1562.
2 En palabras de Manuel Bas, Jerònima Galés fue «sens dubte la primera empresària de València», cfr. Manuel BAS CARBONELL, “Història de la impremta valenciana”, Saó, 7 (1990), p. 41.
3 Cfr. GREGORI ROIG, Rosa Mª (2012). La impressora Jerònima Galés i els Mey, (València, segle XVI). València: Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu. https://bivaldi.gva.es/es/consulta/registro.do?id=8167