Este texto se enmarca en la serie Valencianos de leyenda que dedicamos a figuras ilustres de nuestra historia.
Los Vich son uno de los ejemplos más representativos de la trayectoria de la nobleza valenciana y del protagonismo que algunos de sus miembros ocuparon a nivel administrativo, eclesiástico, político y cultural. Los trabajos del que fuera descendiente de esta familia Jesús Manglano y Cucaló de Montull, barón de Terrateig, han estudiado el linaje de los Vich y especialmente el personaje que más destacó entre sus miembros: el embajador Miguel Jerónimo Vich y Vallterra. Documentados desde el s. XIII, a mediados del s. XIV empiezan a tomar protagonismo entre la pequeña nobleza valenciana de la mano de los duques reales de Gandía, de cuyo sequito formaron parte. En este siglo adquieren los señoríos de los Valles de Ebo y Gallinera, y más tarde los de Xeresa y Alcodar. Sin embargo, será con Alfonso el Magnánimo, ya en el s. XV, cuando el artífice de la nueva nobleza valenciana, empujará definitivamente a los Vich a la primera línea político-administrativa del Reino de Valencia, una de tantas familias de caballeros que habían fundamentado su riqueza y posición en la fidelidad y servicios a la Corona.
En julio de 1424 desde Barcelona el rey concedía a Guillem de Vich, hijo de Ramón, los Valles de Gallinera y de Ebo con toda la jurisdicción. Al mismo, Alfonso el Magnánimo en 1427 le premiará los servicios prestados en la guerra de Cerdeña, con el cargo de alcaide de los castillos de Biar. Fue su camarero, consejero real y embajador ante el rey de Castilla, formando parte de la embajada enviada a Castilla en 1430 para las negociaciones previas a las treguas de Majano. En 1431 era elegido jurado de Valencia por el grupo de caballeros, y ya en 1441 definitivamente y hasta 1450, sus servicios fueron recompensados con el cargo de Maestre Racional, que conservaría después su hijo Lluís, a quien ya en 1430 había nombrado capitán y batlede la villa y castillo de Peníscola. El nuevo Maestre Racional Lluís de Vich de 1455 a 1477, había añadido a la casa los señoríos de Llauri, Benihomer y Beniboquer, en la Ribera del Júcar.
Jerónimo Vich era el hijo mayor de Lluís Vich y Corbera y de su tercera esposa Damiata de Vallterra, hija de Joan de Vallterra, señor de Torres Torres. Todavía en 1500, su madre Damiata de Vallterra pleiteaba con su hermano Joan por la herencia familiar. El monarca, no obstante, volvía a salir en ayuda de los Vich al mandar al portantveus de governador de Valencia Lluís de Cabanilles actuase y buscase solución en dicho proceso. Un año más tarde, en septiembre de 1501, Fernando II nombraba a Jeronimo Vich contador del reino de Valencia.
Participa en diferentes certámenes poéticos en Valencia como muchos de los nobles de la época. En 1486 en honor de la Sacratísima Concepción con el poema “Baix d’ací baix, honvivim per reviure”. Sin embargo, pronto se integrará en el círculo literario de Germana de Foix, especialmente tras su regreso a Valencia, donde la producción era ya en castellano.
En 1505 era justicia criminal de Valencia. En 1484 era convocado a Cortes Jerónimo Vich, que sería también llamado a las de Orihuela de 1488, como caballero, y a las de 1512 y 1528, ya como noble, año en que será también citado su hermano Lluís, caballero de San Juan. En 1534 y 1539 sería ya convocado su hijo Lluís.
Tras la muerte de su padre Lluís en 1477, la familia atravesó un mal momento. Así se desprende de un documento de 1485 cuando el rey escribía al cardenal y arzobispo de Valencia Rodrigo de Borja para que concediese a su hermano Guillem Ramón de Vich la primera dignidad que quedase vacante en la diócesis, ya que estaban muy necesitados. La historiografía ha vinculado el cursus honorum de Guillem Ramón hasta llegar a cardenal a la influencia del embajador, sin embargo, no debemos descartar el papel de este eclesiástico en el encumbramiento primero de su hermano, de hecho, encontramos en la transición del s. XV al XVI a Jerónimo como procurador de su hermano Guillem Ramón en muchos asuntos eclesiásticos. Incluso en el papel de introductor del Renacimiento en Valencia hay que hacer compartir protagonismo a ambos personajes. Testimonio de ello es el posible retrato que algunos autores quieren ver del embajador en los donantes de dos de las obras de Fernando Llanos: ‘Nacimiento con comitente’, conservado en una colección particular de Madrid, o en la obra del mismo autor de la Catedral de Valencia: ‘Presentación de Jesús en el Templo’, encargadas a este prestigioso pintor por el mismo cardenal Vich.
El 11 de febrero de 1492, año clave en la historia de la monarquía hispánica, se firmaban capitulaciones matrimoniales entre Jerónimo Vich y Yolant Ferrer ante el notario Luis Collar. Con este matrimonio acababan los enlaces de los Vich con miembros de la nobleza valenciana y comenzaría su vinculación a linajes castellanos. Así el hijo mayor del embajador: Lluís Vich y Ferrer firmaría capítulos matrimoniales el 23 de junio de 1525 con Mencia Manrique de Lara y Fajardo, aportándose una dote de 15.000 s. de renta anual y 15.000 florines de capital.
Cuando en 1505 Jerónimo Vich acompañaba junto a otros nobles a Fernando el Católico y Germana de Foix a Nápoles, este caballero valenciano seguramente ignoraba que a partir de este momento su trayectoria política iba a cambiar, pasando a ser embajador en Roma del Rey Católico y constituyendo pieza fundamental de la política en Italia de este rey y de su nieto Carlos I. El 14 de abril de 1507, desde Nápoles, el rey enviaba a Bernat Despuig, maestre de Montesa, a su consejero Antonio Agustín y a Jerónimo Vich para prestar obediencia el Papa Julio II, siendo Jerónimo el primer embajador permanente, una embajada extraordinariamente larga de catorce años. Fue recibido con honores extraordinarios por el propio Prospero Colonna, los familiares del cardenal y los del propio pontífice, además del gobernador de la ciudad y el senador, mientras se disparaban salvas como saludo. Una recepción especial y tal solemne que el propio informe del embajador al rey señala “que a todos ha parecido cosa muy grande…y que las otras que se han prestado son reputadas por quasi nada”.
El itinerario de Jerónimo Vich iba a cambiar, sin embargo, nada era ajeno a los pasos, movimientos, acciones y acercamientos de sus antecesores más inmediatos, especialmente en su camino de acercamiento a la Corona. Vich como su padre y su abuelo fue un instrumento de la monarquía que le valió su posición social, económica y política, pero a diferencia de estos antepasados él estrenaba una nueva vía al servicio del rey: los medios de la Diplomacia, el mundo del secreto, de la información, de la acción y del contra-espionaje, de los privilegios e inmunidades diplomáticas, del derecho de gentes y del protocolo, en definitiva, de las relaciones internacionales. La correspondencia entre el embajador y el rey se encuentra actualmente dispersa entre las secciones de Clero del Archivo del Reino de Valencia y el Archivo Histórico Nacional, procedente del antiguo Monasterio de la Murta, aunque también en los registros de cancillería de la época del Archivo de Simancas y en el Archivo Apostólico Vaticano.
Su labor en Roma incidió en aspectos cruciales para Fernando el Católico como conseguir de Julio II la investidura del reino de Nápoles, la bula aprobando el capítulo general de la Orden de Santiago, apoyando al pontífice frente al Conciliábulo de Pisa y actuando reiteradas veces en pro de la paz en los estados italianos. En 1512 negoció la tregua entre el emperador y los venecianos. En 1513, tras la muerte de Julio II, transmitió el apoyo del rey católico a los cardenales reunidos en conclave para la elección del nuevo papa León X, quien supo premiar al embajador en 1520 nombrando a él y a los suyos familiares y continuos comensales, sujetos y protegidos de la jurisdicción de la Sede Apostólica, a su hermano Guillem Ramón Cardenal de San Marcelo en 1517, y al rey de España con la investidura del reino de Navarra y el maestrazgo de las Ordenes Militares.
Carlos V le confirmó como embajador en Roma, pese a las presiones del cardenal Cisneros por que nombrase un embajador castellano, nombrándole en 1517 virrey de Sicilia, cargo que no llegó a desempeñar, sin embargo, un año después y hasta 1520 pasó a ejercer como consejero del nuevo embajador Lluís Carroz de Vilaragut.
El 21 de junio de 1521 regresó a Valencia, donde según el dietario de Soria fue recibido con honores de virrey: “l’hixqueren a reçebir lo marqués de Atzaneta, don Rodrigo de Mendoça, los jurats de València e lo gobernador don Jeroni de Cabanyelles, e molts altres cavallers e mercaders, e l’acompanyaren del Guerau fins a casa sua, que estaba prop lo portal de Sent Vicent”.
Nada más llegar tuvo un papel importante en el final de la rebelión de las Germanías, retirándose los últimos años al monasterio de jerónimos de La Murta.
En 1514 había comprado la alquería cercana a su señorío de Llauri de Matada. En torno a 1525 construyó en Valencia el que se considera uno de los palacios renacentistas más singulares y cuyo magnífico claustro se conserva actualmente en el Museo de Bellas Artes de Valencia. Para el mismo encargó el embajador un retablo a Sebastiano del Piombo, así como otras obras traídas desde Italia.
En su testamento D. Jerónimo Vich el 31 de diciembre de 1533 nombra heredero a su hijo mayor Lluís, falleciendo el 7 de enero de 1534, siendo enterrado en la capilla mayor del monasterio de la Murta, donde había sido trasladado previamente su hermano el cardenal.
por Vicente Pons Alós
Canónigo archivero de la Catedral de Valencia y
Vicepresidente del Cabildo de la Seo